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La sonrisa más real que hayas visto nunca

La sonrisa más real que hayas visto nunca

Lucía con una de las niñas del orfanato de Kenia.

Este verano, Lucía ha hecho un viaje que no olvidará fácilmente. Ha viajado a Kenia para mejorar la educación de niños y niñas de un orfanato y escuela. “La experiencia me ha cambiado la vida”, afirma. Tanto, que siente que parte de ella “todavía sigue allí”. Pero, ¿sabéis que encontró además de cariño, amistad y solidaridad? “La sonrisa más real que he visto nunca”. ¿Queréis saber de quién es?

Deberes, costura e higiene 

Las actividades que Lucía llevó a cabo con los niños y niñas del orfanato fueron muy variadas. La principal fue el refuerzo escolar. Según la voluntaria, los y las peques están sometidos a un “sistema educativo muy duro” que no les deja tiempo para jugar. Por ello, el grupo de voluntarios y voluntarias con el que coincidió preparó juegos de mesa, parchís, bolos, twister y otras actividades lúdicas “para que disfrutaran del tiempo libre aún cuando los voluntarios no estemos allí”, afirma.

Además, “la mayoría de los y las peques tenía estropeados los uniformes, por lo que dedicamos varios días a arreglarlos. También les hicimos unos estuches con tela para que pudieran guardar sus cosas”, explica Lucía. “La idea inicial era enseñarles a coser, pero no tuvo mucho éxito ya que al ver el material ¡lo único que querían era guardarlo para ellos!”, añade.

Los voluntarios y voluntarias enseñaron a los peques varios juegos y películas.

Por otra parte, Lucía y sus compañeros de voluntariado se dieron cuenta de que los y las peques tenían que mejorar en sus hábitos higiénicos. “Con botellas de agua recicladas construimos unas papeleras para el recinto. Hasta el momento de nuestra vuelta funcionaban de maravilla ¡Espero que siga siendo así!”, afirma la voluntaria.

Bailar y ver películas, sus juegos favoritos

“Una vez los niños y niñas cenaban, sobre las 19:30 h., teníamos tiempo para disfrutar con ellos. ¡Les encantaba ver películas! Sólo teníamos tres pero querían repetirlas una y otra vez. También nos pedían música para bailar, ¡era con lo que más disfrutaban! Y además, los fines de semana teníamos más tiempo libre con ellos y realizábamos todas las actividades y juegos que no podíamos hacer durante la semana”, explica Lucía.

Foto de familia: personas voluntarias con los peques del proyecto. 

Felicidad que se contagia

“Creo que esta experiencia me ha cambiado la vida. Cuando volví a España estaba muy marcada. De hecho creo que parte de mí todavía sigue allí: esos niños ya forman parte de mi vida”, dice la voluntaria. Para ella, un viaje solidario te permite adentrarte en otras culturas y conocer una realidad muy diferente. “Llevaba tiempo pensando en hacer algo así y ahora pienso que tendría que haberlo hecho antes. La felicidad que tienen con tan poco se te contagia y te das cuenta de que nuestros  problemas son irrelevantes”, afirma. Estaba tan cómoda en el proyecto que no quería volver: “he aprendido tanto que mi única palabra para definir esta experiencia es: GRACIAS. ¡Volveré!”, afirma.

Choque cultural

Pero, aunque una vez de regreso “es imposible sacar las partes negativas del viaje”, no todo en su experiencia ha sido fácil. “Las diferencias culturales a veces surgían y lo que para los voluntarios y voluntarias nos parecía prioritario, para el coordinador, Julius, quizás no lo era tanto”, afirma Lucía. Aun así, en el orfanato “nos dieron un cuidado de 10, su atención es realmente buena. Además estoy muy contenta de haber elegido Tumaini y segura de que repetiré”, afirma.

Aunque tienen que estudiar mucho, cualquier excusa es buena para reír.

El mejor regalo, su sonrisa

Aunque afirma que “han sido muchas las anécdotas que contar”, Lucía se queda con una, la que le hizo encontrarse con “la sonrisa más real que he visto nunca”. “Un día repartimos los estuches con dos caramelos para cada niño en su interior. A la primera de las niñas de 6 años le dijimos «mira lo que hay dentro». No se me olvidará nunca su reacción. Su cara tenía la sonrisa más real que he visto nunca.

Que algo que para nosotros es tan simple sea capaz de crear esa felicidad es increíble. Para estos niños todo lo que haces por ellos es un mundo. Y su manera de agradecértelo, solo con la mirada o la sonrisa, te llena tanto que sé que voy a seguir participando en este tipo de proyectos por mucho tiempo”, añade.

Esperamos que así sea 🙂

Sonrisas sinceras y reales, como la de esta niña del proyecto.

Lucía participó en el orfanato y escuela de Kenia durante julio de 2017. 

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