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“Ya había viajado dos veces con Tumaini, pero este proyecto en Perú, es único”

“Ya había viajado dos veces con Tumaini, pero este proyecto en Perú, es único”

Nerea durante su voluntariado en la escuelita de Iquitos
Nerea durante su voluntariado en la escuelita de Iquitos.

Dicen que hacer un viaje solidario engancha y que, quien lo prueba, no puede dejar de viajar. Algo parecido ha vivido Nerea. Primero viajó a India. Después a Kenia. Y ahora, acaba de regresar de Iquitos, Perú, junto a Enric, su pareja. Ha colaborado en una escuelita para niños y niñas con pocos recursos y ha aprendido a vivir con muy poco y a “conectar totalmente con la naturaleza”.

¿Te imaginabas el proyecto así?

No, ¡fue mucho mejor de lo que esperaba! La coordinadoras te hacen sentir como en casa y las niñas y niños te reciben con mucho cariño. El proyecto es sostenible a nivel medioambiental, ¡eso me encantó! Ha sido una experiencia única porque no solo estabas con los niños y niñas durante el tiempo de voluntariado, sino que a veces por las mañanas (nos tocaron varias huelgas de profesores) y o también por las tardes, después de cerrar la escuelita, pasábamos tiempo con ellos. Es un viaje ideal si quieres puedes estar todo el día activa, disfrutar de las personas que viven en el pueblo y del entorno.

Enric, la pareja de Nerea, en un paseo por la selva amazónica.
Enric, la pareja de Nerea, en un paseo por la selva amazónica.

¿Qué tareas realizaste?

Viajé junto a Enric, mi pareja, y participamos juntos en el voluntariado. Hicimos diferentes talleres: uno  de educación afectivosexual con las chicas mayores del proyecto, otro sobre las emociones con las y los más pequeños, y otro de manualidades, donde construimos un tres en raya para que cada niño y niña pudiera jugar en casa. El último día, realizamos una yincana con juegos cooperativos que les encantó. Al final ¡compramos una merienda especial como premio!

También jugué con los niños y niñas en su tiempo de juego libre y ayudé con todo lo que pude al proyecto.

Además del voluntariado en la escuela también colaboraste con la puesta en marcha de un horno de barro, ¿cierto?

¡Sí! El horno servirá para hacer pan para las meriendas. A mi pareja le gusta mucho la construcción, por lo que colaboró con la creación de un baño seco y una barandilla para las escaleras de la casa de los voluntarios y voluntarias.

"Los niños y niñas del proyecto son muy cariñosos y tienen muchas ganas de aprender"
«Los niños y niñas del proyecto son cariñosos y tienen muchas ganas de aprender»

¿Cómo os recibieron los niños y niñas?

Tuvimos una muy buena acogida, a los niños y las niñas les encanta conocer nuevas personas voluntarias y que les cuenten cosas de sus países y les preparen talleres. ¡Se implican mucho! Además muchas veces vienen a casa y preguntan por ti. ¡Quieren compartir su tiempo contigo

¿Recuerdas alguna anécdota divertida en tu viaje?

Cuando estábamos haciendo el horno de barro, hicimos una minga para poder acabarlo. Una minga consiste en ofrecer comida y masato (una bebida hecha a base de yuca masticada). Alguno de los voluntarios y voluntarias que probaron el masato no sabían lo que era. ¡Fue también motivo de muchas risas!

El ambiente en la escuelita era muy bueno y podías estar casi todo el día con los niños y niñas
¡El ambiente en la escuelita era muy bueno!

Es el tercer viaje que haces con Tumaini ¿qué diferencias viste con respecto a los otros dos proyectos en los que colaboraste?

El primer viaje que hice con Tumaini fue a la India. En aquella ocasión, colaboré con una guardería solidaria para niños y niñas tibetanos. El segundo fue a Kenia. Colaboré en un centro de acogida para niñas. Ambos viajes fueron inolvidables, pero el proyecto Iquitos tiene cosas que lo hacen único:

  • Las coordinadoras tienen muchas ganas de innovar.
  • Los niños y niñas necesitan ese espacio que les permite recordar que son niños y niñas y no personas adultas (muchos trabajan)
  • El entorno es privilegiado pero no tiene las comodidades que tienes en otros proyectos. Solo hay luz eléctrica dos horas al día, no hay agua corriente, la casa es de madera, hay muchos mosquitos… Conectas totalmente con la naturaleza.
  • Todos los días puedes colaborar directamente con los niños y niñas. Además, puedes proponer tus propios talleres.
  • Tanto la casa como la escuelita tienen mucho en cuenta el medio ambiente.
  • Se habla español. ¡La comunicación es más fluida!

Nerea compartió su viaje solidaro con su pareja, Enric.
Nerea compartió su viaje solidario con su pareja, Enric.

Para Enric era su primera experiencia de voluntariado en un país del Sur. ¿Cómo fue vivirla con él?

Me encantó vivir esta experiencia con él: ¡lo vivió con mucha ilusión y predisposición! Además, ¡se integró muy bien! Por las tardes iba con los niños y las niñas a jugar al fútbol o al voleibol y les encantaba. Nos lo pasamos muy bien.

¿Crees que merece la pena visitar esta parte de Perú?

Mucho: el entorno es un privilegio y la compañía aún más. Si quieres colaborar con niños y niñas encantadores, estar en contacto con la naturaleza y aprender a cuidarla ¡este es tu viaje solidario!

Risas y juegos formaban parte del día a día del proyecto.

¿Cómo fue vuestra relación con Andrea y Pía, las coordinadoras del proyecto?

Estupenda, tanto en la escuelita como fuer. Hicimos muchas cosas juntos: excursiones, jugar cartas,tareas de la casa… Están siempre pendientes de los voluntarios y las voluntarias y te sientes parte de una gran familia.

Compartiendo vídeos con los niños y niñas de la ONG.
Compartiendo vídeos con los niños y niñas de la ONG.

Nerea y Enric viajaron a la escuelita de Iquitos, Perú, del 24 de junio al 6 de julio de 2018.

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