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Experiencia de Mateusz en India:»Ha sido muy gratificante colaborar y vivir en McLeod»

Experiencia de Mateusz en India:»Ha sido muy gratificante colaborar y vivir en McLeod»

Mateusz viajó con Tumaini el pasado mes de septiembre a India durante algo más de tres semanas. Allí participó en los dos proyectos con los que colaboramos en McLeod Ganj y pudo conocer mejor la cultura tibetana. En este post nos cuenta como lo vivió:

«Durante mi estancia en McLeod Ganj intenté compaginar los dos proyectos, colaborando por las mañanas en la guardería y por las tardes en las clases de conversación. Cada día me levantaba pronto e iba a la guardería donde estaba de 9 a 12:30 y a las 4 solía tener las clases de inglés.

En la guardería no parábamos al haber tantos niños. Aunque al principio estaba un poco confuso, me fui adaptando a su dinámica y fui aprendiendo algunas palabras para poder relacionarme con los niños.
Fue una experiencia especial, nunca había ayudado en una guardería y me sorprendió recibir tanto cariño de los niños. Algunos se convirtieron en mis favoritos y les echaba de menos cuando se ponían malos y no podían venir. 
Las clases de inglés me gustaron mucho también, aunque no podía ir todos los días que me hubiera gustado. Me sentía muy satisfecho viendo que les podía ayudar aunque fuera con lo poco que supiera de inglés. Se esforzaban cada día y superaban sus miedos al tener que exponer el tema que habíamos comentado antes. 
Hablar con ellos me ayudó además a conocerles, saber por lo que habían pasado y conocer más su cultura y forma de vivir. Siempre nos agradecían mucho que viniéramos a clase a ayudarles. 

La experiencia resultó muy gratificante, no solo por los proyectos en los que estuvimos sino,también por vivir en McLeod. El pasear por sus calles o comer en sus restaurantes era especial por las personas con las que te cruzabas. 
Restaurantes como el Shangrila, Potala o el Seed Cafe marcaban la diferencia por el trato que recibías de las personas que te atendían. Dejaba de importarte si tenías que esperar una hora o el plato resultaba demasiado picante. Ver su sonrisa te alegraba el día. 
Recuerdo haber ido solo una tarde al Seed Cafe y sentarme a hablar con Dhundup, el chico que lo regenta y con el que congenié muy bien. Se notaba que su vida no había sido fácil. Me contó, esa tarde, cómo de adolescente había cruzado los Himalayas con sus amigos. Cómo iba por las noches con miedo de que les pudieran coger o disparar por la espalda. Después en la India, su vida tampoco fue un camino de rosas. Tuvo problemas para encontrar piso y trabajo. Llegó a vivir unos días en el bosque. 
También me contó lo difícil que le resulta vivir aquí solo, sin sus padres y sus hermanos mayores. Sentía que en McLeod no está luchando por el Tibet, que solo estaba cuidando de poder sobrevivir y que la verdadera lucha estaba ahí. Recuerdo que le veía emocionado cuando me lo contaba y a mí me faltaban palabras para expresar lo que sentía.
Para mi, ha sido una experiencia increíble y que espero poder repetir en el futuro.»

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