Las personas que hacen de Kenia algo que no se olvida
Las personas que hacen de Kenia algo que no se olvida
Cuando le pedimos a quienes viajan con nosotras a Kenia que nos cuenten qué recuerdan, esperamos que hablen del safari, de los elefantes en Tsavo, del snorkel en Watamu. Y lo hacen. Pero siempre, mezclado con todo eso, aparecen nombres propios. Personas concretas. Kenia te entra por los ojos, pero se te queda por su gente.
Este artículo es sobre una de ellas.

Mama Faith y el proyecto Imani
Hay un barrio en Nairobi donde, desde hace décadas, una mujer a la que todo el mundo llama Mama Faith decidió que ningún niño ni niña se quedaría sin un hogar. Ese lugar es Imani, registrado oficialmente en 1992, aunque el trabajo empezó antes.
Mama Faith tenía 24 años cuando abrió las puertas de su casa a los primeros 15 niños y niñas. Por entonces era modelo y diseñadora. Tenía trabajo, dinero, una vida que desde fuera parecía resuelta. Pero ella lo describe así: “I was so, so poor in my heart”. Desde pequeña hacía lo mismo: cuando su madre guardaba comida en la despensa, ella la sacaba y la repartía en la calle. Su madre se enfadaba. Su padre lo entendía. Ella no podía hacer otra cosa.
Los primeros niños y niñas que llegaron a su casa no fueron una decisión repentina. Eran chicos y chicas de la calle a quienes conocía desde hacía tiempo, con quienes había construido una relación día a día, compartiendoles su merienda y el dinero que le daban sus padres. Cuando llegaron a vivir con ella, era natural. “My house is not for me, it’s for the people who have a need”, dice. Quería tener como cien, dijo entre risas en una entrevista. El número creció. No paró.
La idea es sencilla de decir y muy difícil de sostener. Kenia es un país donde millones de personas siguen viviendo bajo el umbral nacional de pobreza, y se estima que 10,5 millones de niños y niñas crecen en situación de pobreza multidimensional. Hay familias que atraviesan situaciones tan límite —una enfermedad, la cárcel, la violencia— que sus hijos e hijas necesitan un lugar seguro mientras las cosas se estabilizan. Hay niñas que son forzadas al matrimonio antes de cumplir 18 años: alrededor del 13% en todo el país, una cifra que aumenta significativamente en algunas regiones. Imani existe para todas esas realidades. Y con los años ha ido creciendo para abarcarlas todas.
Hoy es una red de centros repartidos por todo el país, cada uno con una misión concreta.
En Nairobi hay una unidad de bebés que acoge a recién nacidos desde el primer día de vida. Un centro principal con más de 50 niños y niñas en edad escolar e Imani B, organizado en unidades familiares: una madre de acogida con siete criaturas a su cargo, conviviendo como lo harían en un hogar. Es una preparación deliberada para la adopción o el acogimiento: cuando ese momento llega, ya saben lo que es una familia porque han vivido dentro de una.
En Malindi trabajan con chicas que han sido forzadas a matrimonios tempranos o expuestas a la prostitución. Las acompañan en su recuperación y las reintegran al sistema escolar. En Gombe colaboran con el mayor hospital de Kenia: cuando una familia viene de lejos a tratar a una hija o un hijo con una enfermedad crónica y no tiene dónde dormir ni qué comer, Imani los acoge hasta que terminan el tratamiento. En Kasarani cuidan a niños y niñas cuyos padres y madres están en prisión. En Kibera, una de las favelas más grandes del mundo con más de un millón de personas, crearon una guardería gratuita. El centro surgió tras varios accidentes ocurridos cuando las madres jóvenes, sin recursos, debían dejar a sus hijos e hijas encerrados para poder salir a trabajar.
Jillian, una de las personas que trabaja en Imani junto a Mama Faith, lo resume con una frase que dice mucho de cómo entienden su trabajo:
«Nos gusta poner una sonrisa en la cara de un niño. Marcar una diferencia. Sonreír y amar. Tenemos que ser padres y madres para estas criaturas. Porque ellos y ellas nos miran a nosotros.»
La adopción, los hoyos y las tres de la madrugada
Mama Faith habla de la adopción con honestidad. Cada vez que un niño o niña sale de Imani hacia una familia adoptiva, llora. “I cry a lot. I’m full of holes in me.” Y al mismo tiempo sabe que es lo mejor que puede pasar. Que ese niño o niña va a tener una familia, un hogar, una madre o un padre que lo espera.
Hay una historia concreta que cuenta y que explica bien quién es. Un día dio a un bebé en adopción y algo no la dejaba tranquila. A las tres de la madrugada se subió al coche y condujo cuatro o cinco horas hasta la casa de la familia adoptiva. Llegó de madrugada. Esperó fuera. Cuando la madre abrió la puerta, el bebé estaba bien, preparándose para ir al colegio, con el desayuno listo. “The baby was in heaven”, dice. Y entonces pudo respirar.
Ese nivel de entrega —esa mezcla de soltar y no poder soltar del todo— es lo que hace que Imani sea lo que es. No es una institución que gestiona casos. Es una familia que crece sin parar y que duele cuando se separa, aunque la separación sea buena.
“Estoy en el cielo. Este es el mejor país del mundo.”
Cuando le preguntan por los problemas de Kenia —el abandono infantil, la pobreza, los niños y niñas en la calle— Mama Faith no da una respuesta sencilla. No culpa sólo al gobierno. Dice que el problema es colectivo, que necesitan mejor planificación, mejores redes entre organizaciones e instituciones. Que si eso existiera, ningún niño ni niña quedaría en la calle porque hay familias que los buscan y lugares donde pueden crecer.
Vive en Soweto. La llaman de noche cuando hay un problema en el barrio. Camina sola de madrugada. Y siente que está en el mejor lugar del mundo. Su sueño para Kenia es simple: “To see people sharing and thinking about another person. To make this country a better place.” Y mientras tanto, sigue subiéndose al coche a cualquier hora cuando un bebé la necesita.
Quienes viajan con nosotras y visitan el proyecto lo sienten de cerca. Una viajera lo describió así: “El AMOR que desprende y transmite Mamá Imani, su charla fue directa al corazón.” Otra resumió el viaje en tres palabras: “Generosidad, esperanza, comunidad”.


