Hay un barco de madera navegando en silencio entre manglares. Eso también es una señal.
Hay un barco de madera navegando en silencio entre manglares. Eso también es una señal.
No tiene motor. Avanza despacio. A los lados, las raíces emergen del agua como dedos. Encima, aves que no conocen el ruido de las ciudades.
En ese barco va alguien que pensaba que estaba haciendo un viaje… hasta que entiende que está viviendo algo distinto.
Cada 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha que nos recuerda que el planeta lleva tiempo enviando señales. El lema de este año, #NowForClimate, no habla del futuro: habla del ahora. De decisiones concretas. También de cómo viajamos.
En Tumaini diseñamos viajes que conectan con proyectos reales de conservación y comunidades locales. No se trata solo de visitar un destino, sino de entender lo que ocurre en él, de acercarse con respeto y de formar parte —aunque sea por unos días— de historias que ya están en marcha.
Ese barco está en Mida Creek, en la costa de Kenia. Un ecosistema de manglares protegido por la UNESCO al que la mayoría de viajeros y viajeras nunca llega. Quienes viajan con nosotras, sí. Y lo hacen de otra manera: en silencio, acompañando los ritmos del lugar, entendiendo por qué espacios así necesitan ser cuidados.
La experiencia forma parte de un proyecto de turismo comunitario gestionado por personas locales. Cada entrada contribuye a apoyar la educación de un niño o niña de la comunidad, y la comida se realiza en un restaurante gestionado por mujeres locales, un proyecto en el que ellas son sus propias jefas y donde cada comida impulsa su autonomía y empoderamiento.
“Ver a los animales en su hábitat, tan cerquita, pero libres… las vistas desde el hotel en Tsavo… los proyectos que apoyamos … estar continuamente con gente local con la que hablar y compartir abiertamente… y el manglar ” — Viajera Tumaini, Kenia
Muy cerca, en Watamu, un proyecto lleva años trabajando en la protección de tortugas marinas. No es algo preparado para el visitante. Es trabajo constante, muchas veces invisible. Pero a veces, si coincide, se puede presenciar la liberación de una tortuga al océano. Y ese instante —breve, sencillo— cambia la forma en la que entendemos nuestro impacto.
Lo mismo ocurre en otros lugares del mundo donde viajamos.
En la selva boliviana hay animales que están recuperando su calidad de vida después de haber sido rescatados del tráfico ilegal o el mascotismo. En Indonesia, en la isla de Nusa Penida, una comunidad entera se ha implicado en recuperar aves en peligro crítico que están a punto de desaparecer, demostrando que la conservación también puede ser una decisión colectiva.
En Tailandia, los elefantes dejan de ser una atracción para volver a ser simplemente animales. En Nepal, la tierra se cultiva con tiempos y métodos que respetan sus ciclos. En el Valle Sagrado de Perú, el cuidado del entorno y la educación van de la mano. Y en lugares como Cabo Verde o el norte de India, sostenibilidad también significa generar oportunidades, fortalecer comunidades y cuidar los recursos desde dentro.
Viajar así no es casual. Es una elección.
Por eso, cada experiencia Tumaini también deja una huella concreta: por cada persona viajera, se planta un árbol en la isla de Borneo en Indonesia y se realiza un seguimiento durante tres años. No como un gesto simbólico, sino como parte de un compromiso más amplio.
No creemos que viajar, por sí solo, vaya a cambiar el mundo. Pero sí creemos que puede cambiar la forma en la que lo miramos. Y que, a partir de ahí, empiezan muchas otras decisiones.
Hay señales que hacen ruido. Otras, como un barco de madera entre manglares, casi no se oyen. Pero están.
Y quizás viajar también pueda ser una de ellas. Descubre nuestros viajes de turismo responsable.


