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La experiencia de María durante tres meses en la selva de Iquitos

La experiencia de María durante tres meses en la selva de Iquitos

La experiencia de María durante tres meses en la selva de Iquitos

Viajar solidario para descubrir partes de ti que desconoces, para reconectar contigo, con tus valores y conocer realidades que te quedan lejanas pero con las que siempre has sentido interés y dolor a partes iguales.

Dar el paso hace que muchas cosas en ti cambien, tu forma de ver el mundo, cómo afrontas un problema, tomarte con filosofía diferentes situaciones o sentirte agradecido/a por todo lo que tienes a tu alrededor. Eso es exactamente lo que le ha pasado a María durante su voluntariado de tres meses en la selva de Iquitos. Hace unos días nos envío su experiencia y todavía nos sigue emocionando cada línea. Es increíble cómo puede llegar a transformar un viaje solidario, siempre y cuando estés conectado/a con el propósito de esta aventura.

¿Quieres conocer cómo ha vivido? Sigue leyendo descubrir todos los detalles 😊

 

¿Por qué decidiste hacer un viaje solidario a Perú?

Desde hace bastante tiempo ya, quería hacer un viaje solidario, bien lo saben en Tumaini. Luego llegó el covid, puso la vida patas arriba y mis planes también. Después de que todo se «normalizará», coincidió con que justo acababa de terminar la carrera, no sabía muy bien que hacer, pero me apetecía un poco ponerme a prueba, salir de mi zona de confort, conocer gente y mundo pero más en profundidad, y además me apetecía mucho hacerlo sola, para ver cómo me desenvolvía.

Que en concreto fuese a Perú fue un poco cosa del destino, porque no era mi idea inicial, así que tampoco conocía mucho ni del país, ni de sus costumbres. Pero la verdad es que casi me alegro que haya sido así, porque una gran ventaja ha sido que no tenía la barrera del idioma, y te ayuda a acostumbrarte antes, establecer más conexiones, no solo con las personas de la comunidad sino también por ejemplo en los medios de transporte, conocer mucho mejor porque la conversación era más fluida… Lo que tenía claro cuando estaba escogiendo destino es que quería que fuese totalmente distinto de Madrid, y al final donde fui ¡vaya si lo era! En la comunidad deben vivir unas 300 personas y además rodeada de naturaleza, el entorno es el paraíso. Y el proyecto juntaba dos cosas que yo quería: era con personas, y hay fauna y flora toda la que quisieras.

 

¿Cómo ha sido descubrir un país, cultura y forma de vida totalmente nueva para ti?

Al principio chocante, su forma de vida es completamente distinta a la nuestra, y en la casa de voluntarios se vive como ellos, lo cual está muy bien, así lo comprendes todo mucho mejor. Y eso que nosotros sí que teníamos agua potable, bidones con agua de lluvia para poder darte una ducha de agua limpia, gas para cocinar…

A veces también podía ser frustrante, por ejemplo en cuanto a desigualdades, injusticias, o a mi en particular me costaba mucho ver cómo podía ser, que, teniendo una conexión tan grande con la naturaleza en su día a día, tiraran la basura al suelo o al río como si nada, fuera lo que fuese.
Impotencia, por la incompetencia que podía llegar a haber de algunas personas de autoridad del país que no conocen las realidades de su pueblo, o de profesionales, que qué menos que tener una sanidad digna.
Así que, vivir una experiencia así, te enseña a intentar asimilar esos sentimientos, y entender que tu no vas a poder cambiar toda esa realidad, pero si les haces replantearse las cosas, o mostrar que hay otra manera de hacerlo, aunque sea solo un momento, ya estás aportando. Y creo que cualquier persona que se inmerse culturalmente en un país como lo haces en un voluntariado te dirá que es enriquecedor.

 

¿Cuáles han sido tus tareas en el proyecto de educación libre en la comunidad de Santa Clara?

¡Divertirme con los niñ@s! De verdad que eso era lo primordial que tenías que hacer. La escuelita empieza a las 15h y termina a las 17:15-17:30 más o menos, de lunes a viernes. Primero era media hora de juego libre, luego hacíamos un círculo en el que se presentaba a los nuevos profes (aka voluntarios) si los hubiera, y los talleres del día. La idea era que cada semana fuera de una temática, pero eso no siempre se podía cumplir entonces hacíamos los talleres según lo que proponíamos los voluntarios, normalmente intentando preparar todo semanalmente los lunes, por si se necesitaba material específico, por ejemplo yo hice uno de pintura mural con los más mayores. Luego a las 17h más o menos, nos juntábamos todos y hacíamos de nuevo un círculo en el que se daba la merienda, se mostraba lo que se había hecho o aprendido en el día y algún juego en conjunto.

A veces también venían con tareas del cole, y uno de nosotros se quedaba para ayudarles a hacerlas. Y luego siempre había algún otro que se quedaba con los más peques si había muchos. Todo esto en la hora de los talleres. Los voluntarios nos solíamos dividir antes de que empezase la escuelita, o según las necesidades que íbamos viendo, además te acabas comprendiendo muy bien y ya sabíamos que nos gustaba más a cada uno, se crean muy buenas conexiones. Y Andrea (la coordinadora) está abierta a todas las propuestas de talleres que tengas, cuantas más mejor, y es muy comprensiva, te deja ir a tu ritmo, aunque con la energía que tiene, acabas yendo tú al suyo jajajja.

Ahí es cuando terminaba la escuelita, pero luego a las 17:30 empieza a salir todo el mundo de sus casas para el deporte comunitario o compartir entre ellos, y recomiendo encarecidamente a cualquier persona que vaya que se quede y se una, ¡es lo más!. Sobre todo juegan a fútbol, voley o canicas. Y luego cuando ya anochecía me iba a dar paseos con Gabi, una chica de allí, y los más adolescentes, que no todos iban a la escuelita. Para mí era un momento muy especial porque podía compartir con ellos y conocerlos mejor.
Pero hay que decir, que aunque cuando vas al proyecto la escuelita es tu tarea principal, luego cada vez que salías de la casa siempre había algún peque que quería que jugases con ellos a algo, o que te querían acompañar a donde quiera que fueses.

 

Durante estos tres meses de aventura, ¿qué momento consideras que te ha marcado más?

Me sería tan difícil decir uno… pero yo creo que los momentos que más me han marcado es cuando notas que los niños empiezan a coger más confianza. Te ven por la calle y te abrazan, o te sonríen. Cada uno y una son un mundo, y tengo momentos especiales con cada uno. Sobre todo cuando me han compartido historias de su vida privada es cuando más me ha marcado.
Pero un momento muy feliz que pasé allí, me acuerdo que acabábamos de terminar la escuelita, y había sido un día de mucho calor, y surgió con algunos de los más mayores ir al campo de fútbol del primer puerto (el pueblo tiene tres en total, en orden de llegada desde Iquitos), que se estaba empezando a anegar por algunas partes por la subida del río. Así que allá que fuimos, a pesar de que estaba empezando a llover, y entre eso y el agua que ya de por si había en el campo fue como jugar al waterpolo-futbol, que bien nos lo pasabamos, ¡no hacíamos más que caernos por todos lados por el barro! Es un momento que vivirá para siempre en mi memoria.

 

¿Recomendarías esta experiencia a personas que se lo estén pensando?

200%, yo no hago más que decirle a todo el mundo que ha sido maravilloso, y que podrían hacerlo ellos también.
No hay nada más bonito que compartir y conocer personas, y allí hay un montón de niños y niñas con ganas de aprender. Además si te lo estás pensando es porque algo en tí te dice que lo tienes que hacer. Yo, una semana antes de irme pensaba, pero para que me meto yo en estos líos, quién me llama con lo cómoda que estoy, y luego mira, no me quería ir. De lo único que me arrepiento es de haber ido con vuelo de vuelta jajajja.
Muchos familiares y amigas casi a lo que más miedo tenían cuando fui allí era a los animales que me podía encontrar, pero de verdad que no era tan terrible, yo pensaba que iba a ser mucho peor. Hombre, hay que tener en cuenta que animales te vas a encontrar, estás en la selva, pero ellos van a su rollo y tú al tuyo. Y además, ¡te podrás dar un chapuzón en el río Amazonas! Es como estar en una película o vivir un documental de la 2 de primera mano.

 

¿Crees que viajar con Tumaini cambia vidas?

Si, creo que cambia tu perspectiva de la vida. Cuando vuelves, obviamente te acostumbras rápido a las comodidades, pero las aprecias mucho más. Creo que se aprende a valorar las oportunidades que tenemos por haber nacido en lugar que hemos nacido y no en otro, cosas que creemos que vienen dadas pero no.

 

 

Nuestra voluntaria regresa a casa con la mochila repleta de aprendizajes, lista para comenzar a ver la vida desde otro prisma, con una mirada más real, más solidaria y justa. Sin miedos y sabiendo dar importancia únicamente a los problemas que realmente lo tienen. Gracias, María, por tus sinceras palabras y por querer compartir con nuestros lectores/as tus vivencias, ojalá se animen a experimentar algo tan bonito y transformador.

 

Ahora es tu turno, ¿quieres vivir en primera persona todas las emociones que ha sentido nuestra voluntaria en este viaje solidario?

Escríbenos a info@viajestumaini.org y comencemos a preparar esta aventura que cambiará la vida de muchas personas y también la tuya.

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Comentarios

  • Agustín Emilio Cuesta Menéndez
    mayo 29, 2022

    Excelente experiencía y maravillosa exposición de la misma. Ése viaje lo tengo yo suspendido temporalmente. El 30 de abril de 2020 salia mi vuelo hacia Santa Clara. Por el Covid no pudo ser. Ahorá tendré que esperar, ya que no tengo pasaporte Covid por haberme negado a que me inocularan eso que denominan vacuna. Espero se resuelva pronto.

    respuesta

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