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El “aquí y ahora” en McLeod Ganj

El “aquí y ahora” en McLeod Ganj

Marta con algunos voluntarios y voluntarias y monjes del proyecto. 

Este verano, Marta Valentí vivió tres semanas en la increíble ciudad de McLeod Ganj. Un lugar donde naturaleza y espiritualidad conviven y donde es mejor no llevar reloj ni hacer planes, ya que “nunca sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina”. Durante su voluntariado con refugiados tibetanos, se impregnó de su filosofía y aprendió a vivir el “aquí y ahora”.

¿Cómo era tu día a día como voluntaria?

Después de desayunar junto con el resto de voluntarios y voluntarias, preparábamos las clases de conversación de inglés para refugiados tibetanos. El momento de clase era la mejor experiencia del día. Además de lo motivados y agradecidos que están por las clases, era un placer conversar con ellos: ¡tienen una visión tan diferente de la vida de la que tenemos tanto que aprender!

El tiempo libre lo compartía con el resto de personas voluntarias. Además, cuando teníamos ocasión, aprovechábamos para visitar los alrededores.

La compasión es la piedra fundamental de la filosofía budista. 

¿Qué te sorprendió de los refugiados tibetanos?

Su generosidad y bondad. Han sufrido grandes injusticias por parte de China (persecución, etc.), y muchos de ellos han vivido experiencias muy duras (han huido del Tíbet cruzando los Himalayas y dejando a familia y amigos atrás). Pero hablan de ellos con compasión e intentan buscar una solución conciliadora al conflicto.

El entorno natural de McLeod Ganj es espectacular.

¿Recuerdas alguna anécdota?

¡Sí! ¡Enseguida aprendimos que en McLeod no se pueden hacer planes! Hay que vivir el momento porque nunca sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina. Por ejemplo, puede que hayas quedado con alguien, pero por el camino te topas con un alumno-monje por la calle y te quedas hablando con él media tarde. O puede que hayas planeado hacer una excursión durante tu día libre, ¡pero en el último momento te dicen que el Dalai Lama ha cambiado sus planes y va a llegar en unas horas!

Marta con otros voluntarios y voluntarias de Tumaini.

 ¿Qué es lo que más te gustó de tu viaje solidario?

Convivir día a día con los refugiados y con la gente local. Impregnarte de su cultura y filosofía. Y la fantástica conexión que hubo entre los voluntarios y voluntarias de Tumaini que coincidimos allí. ¡Ha sido un enorme placer compartir tantos buenos momentos con ellos!

¿Qué tal es la gente que coordina el proyecto?

Muy buena! Yeshi, el fundador, fue muy atento y amable y se preocupó mucho porque cada uno encontrara la mejor manera para colaborar en el proyecto.

Tener la mente abierta es fundamental para disfrutar la experiencia.

¿Qué le dirías a alguien que duda en hacer un viaje solidario como el tuyo?

Que es una experiencia muy enriquecedora, ya que te ofrece la oportunidad de convivir con personas de culturas y filosofías muy diferentes a la nuestra. Además en McLeod es fácil conocer a otras personas que también se sienten atraídas por la cultura tibetana. Se crea una conexión muy especial.

Ahora que ya lo has vivido ¿qué recomendarías a alguien que va a viajar?

Ir con la mente abierta para conocer a gente de culturas y creencias muy diversas y saber aprender de todas ellas. Vivir siempre el “aquí y el ahora”, como practica el Budismo, y prestar atención a las oportunidades que se presentan en cualquier momento para poder aprovecharlas. ¡McLeod depara muchas sorpresas!

El grupo de voluntarios y voluntarias también aprovechó para hacer turismo. 

Marta Valentí colaboró con el proyecto de India del 12/08 al 01/09/17. 

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