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Eider en Bali: “no hay nada que cambiaría de mi viaje”

Eider en Bali: “no hay nada que cambiaría de mi viaje”

Eider con las niñas del proyecto de Bali. 

Hay experiencias que te impactan tanto que no cambiarías nada de ellas. Eso mismo le ocurrió a Eider, guipuzcoana de 19 años, que este verano dio clases de inglés a niños y niñas de Bali. “No me arrepiento para nada de esta experiencia y me siento agradecida por haber tenido la oportunidad de vivirla”, nos cuenta.

¿Por qué elegiste Bali como destino?

El año pasado quería hacer algo diferente en verano. Quería aprovechar esa época del año para vivir una experiencia única y utilizar mi tiempo libre para colaborar con alguna causa. Busqué “viajes solidarios” en Internet y topé con Tumaini. Después de navegar entre los destinos y proyectos que ofrecía, me decanté por Bali. Había escuchado este destino en boca de muchos y me picó la curiosidad. Quería saber más sobre esta isla y conocer la cultura indonesa. ¡Decidí sumergirme en esta aventura! No me arrepiento para nada y me siento agradecida por haber tenido la oportunidad de vivirla.

Escuchando a las niñas del proyecto. 

¿Cómo era tu día a día en el proyecto?

Por la mañana charlábamos y jugábamos con la gente que se acercaba al centro. Comíamos a las 12 h y planeábamos las clases en una reunión a las 12.30. Después, dábamos clase de 13 a 16 h.

Niñas y niños dela ONG haciendo ejercicios. ¡Tenían muchas ganas de aprender! 

¿Qué talleres realizaste con los niños y niñas?

Durante las clases tratamos distintos temas según el nivel. Con los más pequeños solíamos alternar algún juego didáctico con las clases teóricas, mientras que con los más mayores trabajábamos sobre todo el aspecto gramatical del inglés, ¡siempre estaban dispuestos a aprender más cosas! Los miércoles y sábados solían ser los días de actividades especiales. Son los días favoritos de los niños y niñas. Entre las actividades que hicimos, la más exitosa fue invitar al padre de dos niñas del centro a que tocara la guitarra mientras los niños y nosotros jugábamos a juegos, hacíamos pompas de jabón etc. Nos lo pasamos en grande, ¡aprendimos nuevas canciones y algún que otro baile!

¿Qué es lo que más te sorprendió de Bali y de la ONG?

La amabilidad de la gente. ¡Todos los niños y niñas desprendían felicidad! Al dar una vuelta por el pueblo, las familias te regalaban sonrisas y estaban dispuestas a charlar contigo y a responder tus innumerables preguntas.  Los occidentales tenemos mucho que aprender de ellos.

¡Aprendiendo nuevas canciones y bailes los miércoles!

¿Puedes contarnos alguna anécdota que viviste durante tu voluntariado?

Solía haber unos niños que siempre venían al centro unas horas antes de que comenzaran las clases. Les encantaba salsear y a nosotras nos encantaba verlos jugar y, por supuesto, jugar con ellos. Había uno que nos llamaba la atención, y es que siempre solía venir a jugar pero nunca se quedaba a las clases.

Descubrimos que había dejado de ir a la escuela y que no le gustaba estudiar porque había perdido a sus padres y se había quedado huérfano. El corazón nos dio un vuelco al saber eso sobre él, ¡siempre estaba tan sonriente!

En mi último día, esos niños vinieron al centro a las 8 de la mañana e invadieron la habitación: correteaban por el pasillo y bailaban encima de mi cama. Mientras, yo recogía mis cosas y reprimía la pena por irme de aquel sitio tan mágico. Se pasaron la mañana haciendo dibujos y dejándolos encima de la cama… ¡Me hubiera quedado allí mucho tiempo más!

En la clase, los niños y niñas aprendían y perfeccionaban su inglés. 

Eider viajó a Bali del 14 de agosto al 1 de septiembre de 2017. 

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