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La vida en la jungla junto al mono Octavio, el oso Balú y la puma Marley

La vida en la jungla junto al mono Octavio, el oso Balú y la puma Marley

Los monos araña son los «animales mimados» del centro donde colaboró Cristina

Cuando a Cristina le preguntan qué ha hecho estas vacaciones le sale “una sonrisa de oreja a oreja”. Ha pasado tres semanas en un centro de protección de fauna silvestre en Bolivia, a los pies de la selva. Se encargaba de cuidar a monos araña rescatados que viven “casi en su hábitat natural, alejados de la civilización”. Ha aprendido tanto sobre estos primates que le da la impresión de que “en lugar de ayudar, he sido yo quien ha tenido la suerte de poder compartir el día a día con ellos”.

¿Por qué elegiste el proyecto de Bolivia con fauna salvaje?

Este año quería invertir mis vacaciones en hacer algo diferente. Me puse a buscar viajes solidarios y encontré a Tumaini. Primero pensé en colaborar con niños y niñas, pero no acababa de ver qué podía aportar. Y fue ver que podía estar en un parque con animales rescatados, y ya no pude parar de pensar en ello.

Siempre me han encantado los animales. De pequeña pensaba que sería veterinaria. 😊

Después de hablar con Tumaini vi que el proyecto de Bolivia era el que me permitía no estar desconectada de la gente. Primer viaje sola… no quería hacer desconexión total.

Cristina en el proyecto.

¿Cómo viven los monos araña en el proyecto?

Si no hay hembras en celo el día suele ser tranquilo. Juegan entre ellos, se acicalan, buscan comida en los árboles y duermen. Si hay hembras en celo, los machos desaparecen por turnos en la selva. Se coordinan sin problemas. Los días de lluvia se ponen más nerviosos, hay más peleas.

Las personas voluntarias solo podíamos tocar o jugar con las hembras que alguna vez fueron mascotas. Las nacidas libres no, para no cambiar su hábitat. Los machos pueden ser más agresivos y, aunque hayan sido mascotas, es mejor no mirarlos por si se enfadan.

Durante unos minutos al día, dejábamos que estas hembras vinieran y se sentaran encima. Las acicalábamos un poco y seguíamos con nuestras tareas para no mimarlas demasiado. También podíamos acicalar a los dos machos que estaban en runner (una especie de arneses a los que van enganchados algunos monos) . Uno de ellos, Octavio, solo deja que se le acerquen las voluntarias. Los chicos no le gustan tanto. A mí me encantaba ir a llevarle la comida porque, en cuanto me veía, me saludaba arrugando su nariz y poniendo la boca como si pronunciara la letra U. ¡Me encantaba Octavio!

¿Qué te sorprendió de estos animales?

Los Negros son los monos más rápidos en los árboles. Cuando los llevábamos a pasear veíamos que los que eran libres (todos menos cuatro) se desplazaban por los árboles como si caminaran por una carretera, ¡sin obstáculos!

Saben saludar y te reconocen. Se hacen entender y tienen memoria. Alguno de ellos te mostraba zonas de su cuerpo donde habían sufrido alguna herida, que ya no se veía, pero te lo mostraban para que les acariciaras allí porque una vez le dolía allí. ¡Son muy divertidos!

En el parque había 22 monos-araña. ¿Llegaste a conocerlos a todos? 

Al final sí. Es casi imprescindible saber quién es cada uno. Los machos, porque tienes que saber quién es el alfa o el más agresivo si estás cerca. Las hembras, porque debes saber a quién puedes tocar y a quién no.

No es difícil habituarse a ellos. Cada día te ven, les das de comer y respetas su espacio. Acaban viendo que no eres malo para ellos. Mientras sigas pensando que son monos y que son animales salvajes creo que es fácil estar con ellos.

Octavio fue el más difícil, pero solo porque necesita tiempo para conocerte. Está en runner y depende de los voluntarios 100%. Cada día me iba acercando y me veía, hasta que yo sola iba a verle y ya pedía que le rascara la espalda.

Cristina ne el aviario durante su día libre.

¿Qué animales había en el proyecto aparte de los monos araña? ¿Interactuaste con ellos?

Interactué con las aves unas horas. El aviario es una zona un poco triste. A las aves mascotas les rompen un ala para que no se escapen, ¡da muy mal rollo ver lo que les han hecho! Además hay alguna que se quita las plumas por estrés y no es fácil que se recuperen.

Los recursos del proyecto son limitados, pero incluso viendo que no es un espacio óptimo, hay aves que son un amor. Además, ¡me reí bastante cuando escuché los sonidos que hacen para imitar a los humanos!

En mi día libre, me pasé por todas las zonas. Capuchinos, coatís, el oso Balú, la puma Marley y el kinkajú.

¿Cómo viviste durante casi un mes en plena naturaleza?

El parque está al lado de una carretera, por lo tanto no pierdes el contacto con la civilización. Pero tuve muchísima suerte por estar con los Negros (monos)  y tener que subir cada día a verles en medio de la selva. El camino es cansado y más con el peso que llevas a la espalda. Pero cuando llegas arriba y ves que allí están casi como si fueran libres, es un lujo. Un lugar maravilloso. Son los mimados del parque, los más libres.

Además en esta área podía ver todo tipo de animales libres: monos capuchinos, monos araña, coatís, pájaros carpinteros, serpientes, lagartijas, ranas y centenares de insectos diferentes cada día. ¡Para mi es un lujo!

¿Algún consejo para las personas que están pensando participar en el proyecto?

Hay que ser consciente de que estás en la jungla, no es un hotel. Cada día ves insectos diferentes en los baños, esto puede que no le guste a todo el mundo. A mi me parecía curioso, incluso un día me duché con una luciérnaga. Alucinaba mientras iba emitiendo luces.

También hay que tener claro que los insectos te dejarán picaduras en todo el cuerpo y además que allí no se va a acariciar bichos. Seguramente puedas, pero para nada es una de las ideas preconcebidas que tengas que llevar antes de ir.

El objetivo del proyecto es que los monos vivan en las mejores condiciones.

¿Qué actividad/momento del día te gustó más y por qué?

Me encantaba pasear con ellos. De los cuatro monos que estaban en  runner nos llevábamos a tres y el resto nos seguía. Era increíble ver qué bien se lo pasaban buscando comida en los árboles, jugando, saltando. Era como ver monos libres, como si nunca hubieran sido mascotas y su hábitat desde pequeños hubiera sido la selva.

También me encantaba darles de comer porque hacían unos ruiditos de felicidad que hacen que te enamores de ellos.

¿Coincidiste con otros voluntarios en el proyecto? ¿Qué tal tu relación con ellos?

Sí. Primero conocí a David. Ya había hablado con él antes de salir de Barcelona. Es un tío muy majo, lo da todo allí con los coatís. ¡Adora a los animales! Los últimos días, también coincidí con Meriyou y Octavio (el humano 😛). Una pareja muy divertida y muy amable. Con todos me llevé genial y sigo en contacto con ellos.

Aparte de tu colaboración, ¿aprovechaste para hacer turismo? 

Tuve una semana para hacer turismo. Estuve en el Salar de Uyuni. Un lugar increíble, como si estuviera en otro planeta. Una diversidad de paisajes y de animales que me encantó.

También estuve en Sucre y en Santa Cruz. Sucre es una ciudad muy bonita y Santa Cruz, bueno, es donde tenía que coger el avión, pero no me gustó tanto. Igualmente, después de pasarme casi un mes entre selva, luego desierto, muchos animales y zonas increíbles… ¡ir a una ciudad me pareció soso!

Aunque eso sí: ¡he comido tan bien! Todo riquísimo.

¿Volverías a hacer un viaje solidario? ¿Por qué?

Por supuesto que volvería. Ha sido una experiencia única. Me lo he pasado tan bien en la jungla que no me da la impresión de haber «trabajado para los animales» sino que ellos me han dado la oportunidad de compartir su vida conmigo.

Cuando les explico a los amigos y a la familia lo que he hecho estas vacaciones me sale una sonrisa de oreja a oreja. ¡Cómo no voy a repetir!

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